Me falta tiempo,
pero me sobra eternidad.
Tiempo y eternidad ahora:
dos corrientes simultaneas.
No puedo aguardar que el vaso se llene,
pero el vaso está lleno.
Debiera haber por lo menos dos vasos;
un vaso para estar lleno,
otro para estar vacío.
**
La mano se extiende...
La mano se extiende,
pero a mitad de camino
a detiene una imagen.
Y se marcha entonces con ella,
no para poseerla
sino tan sólo para
entrar en su juego.
La mano ha comenzado a enamorarse en el camino
y así la posesión y el don se le escapan.
La mano ha cambiado su
destino
por un vuelo que no es el vuelo del pájaro,
sino un
abandono a las mareas que no tienen costa
o a los desequilibrios de
una sabiduría diferente.
La mano ha renunciado a su objeto
y ha
adquirido el valor de su distracción.
La mano ha renunciado a
salvarse.
***
El silencio que queda entre dos palabras...
El
silencio que queda entre dos palabras
no es el mismo silencio que
envuelve una cabeza cuando cae,
ni tampoco el que estampa la
presencia del árbol
cuando se apaga el incendio vespertino del
viento.
Así como cada voz tiene un timbre y una altura,
cada silencio
tiene un registro y una profundidad.
El silencio de un hombre es
distinto del silencio de otro
y no es lo mismo callar un nombre que
callar otro nombre.
Existe un alfabeto del silencio,
pero no nos han
enseñado a deletrearlo.
Sin embargo, la lectura del silencio es la
única durable,
tal vez más que el lector
Roberto Juarroz
No hay comentarios.:
Publicar un comentario