lunes, 28 de septiembre de 2020

Me falta tiempo, pero me sobra eternidad.

 Me  falta tiempo,
pero me sobra eternidad.
Tiempo y eternidad ahora:
dos corrientes simultaneas.

No puedo aguardar que el vaso se llene,
pero el vaso está lleno.

Debiera haber por lo menos dos vasos;
un vaso para estar lleno,
otro para estar vacío.

 

**

 

La mano se extiende...



La mano se extiende,
pero a mitad de camino
a detiene una imagen.
Y se marcha entonces con ella,
no para poseerla
sino tan sólo para entrar en su juego.
La mano ha comenzado a enamorarse en el camino
y así la posesión y el don se le escapan.
La mano ha cambiado su destino
por un vuelo que no es el vuelo del pájaro,
sino un abandono a las mareas que no tienen costa
o a los desequilibrios de una sabiduría diferente.
La mano ha renunciado a su objeto
y ha adquirido el valor de su distracción.
La mano ha renunciado a salvarse.

 

 

 

 

 

 ***

 

 

El silencio que queda entre dos palabras... 

 

 

El silencio que queda entre dos palabras
no es el mismo silencio que envuelve una cabeza cuando cae,
ni tampoco el que estampa la presencia del árbol
cuando se apaga el incendio vespertino del viento.

Así como cada voz tiene un timbre y una altura,
cada silencio tiene un registro y una profundidad.
El silencio de un hombre es distinto del silencio de otro
y no es lo mismo callar un nombre que callar otro nombre.
 
Existe un alfabeto del silencio,
pero no nos han enseñado a deletrearlo.
Sin embargo, la lectura del silencio es la única durable,
tal vez más que el lector

 


 Roberto Juarroz

 

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