viernes, 10 de mayo de 2013
Cruce torpemente la esquina, compre las pastas antibienestar en la farmacia.
Vi los mismos borrachos con raíces en el mismo piso, en sus estables coordenadas.
Conte un billete de 20 y de 5, puse mi mano a través de las rejas
del fondo el canoso me da una ansiedad patologica empaquetada, reservas de camel.
Vuelvo en un ritmo innecesario, ansioso de escondite.Me detengo a ver el calibre de las llaves, recuerdo la contraseña del resguardo donde vomitan mis fantasmas.
justo antes de entrar un gato negro mirandome fijamente:
dos luces de neon perforando mi occipital
encienden en un letrero que dice:
miedo.
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